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Conocimiento humano
"No entro en discusiones artísticas. Soy demasiado simple, o demasiado complicado, para llegar a ese punto", dice este artista, editor de la revista El canto de la Tripulación, para quien la fotografía le ha dado conocimiento "humano, no estético". Desde su visión romántica de lo marginal ("marginales somos todos en la vida, unos de una manera y otros de otra"), García Alix ha llenado sus fotografías de personajes urbanos a los que enfrenta a "un pulso entre dos".
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-15-06-2002/abc/Cultura/garcia-alix-mis-fotos-son-metaforas-de-una-vision-del-mundo_106802.html
García Alix, que ha colaborado para publicaciones como Vanity Fair, Vogue, Star, EL PAÍS o Cambio 16, formará parte de la exposición 150 años de fotografía española, seleccionada por el historiador Publio López Mondéjar para el Círculo de Bellas Artes. En la actualidad, el Centro de Fotografía de Tenerife exhibe una muestra de su obra, y se mantiene en el mercado el catálogo del montaje de PhotoEspaña 98 que publicaron La Fábrica y Lun-werg, en el que se reúne lo mejor de sus 20 años de trabajo. "La fotografía vive a través de mí", dice. "Mis imágenes son concisas. Nunca hay un exceso. Si he de retratar a un atracador, no le pondría una pistola en la mano. Sería un hombre sentado en una silla. Sólo yo sé la verdad, lo que hay detrás". // la vida que Alberto García Álix busca inmortalizar. La que nos rodea y a veces intentamos ignorar.
Personajes fronterizos
Gracias
a una intuición privilegiada, identifica las imágenes que sabe pueden
ser secuestradas y convertidas en perdurables. Este es el valor que
García Álix le otorga a las cosas sencillas y cotidianas. Lo que para
muchos resulta minúsculo, para un ojo como el de este fotógrafo de 46
años equivale a una forma de vida. «Estoy retomando ese lujo que había
perdido, de salir con mi 35 milímetros a pasear. Es humillante salir a
la calle con la cámara y volver sin una sola foto».
Niega
que los protagonistas de sus historias sean seres marginales, aunque el
aura de rebeldía que los envuelva los haga verse así. Él prefiere
llamarlos cordialmente «personajes fronterizos», todos considerados
amigos y con los que reconoce, tiene una gran deuda. En esta exposición,
en la que empezó a trabajar hace unos nueve meses, las mujeres
desbordan de los marcos de las fotos. Mujeres con los ojos clavados en
la lente, con piernas infinitas, de miradas destrozadas. Amenazantes,
provocadoras, bellas desde lo horrible, geniales y transparentemente
ingenuas, son las que guían al espectador por ese laberinto de
identidades en el que se ha convertido la sala de la muestra. Pero no
son sólo cuerpos. Los pasos firmes de sus féminas se sienten en todas
partes: en los zapatos sobre la alfombra de alguna habitación de hotel,
en las ventanas, en el baño. «Una foto siempre tiene una cascada de
recuerdos», dice García Álix.
Su trabajo es
autobiográfico, refleja lo que lo rodea, y mantiene inalterable ese
compromiso con su entorno afectivo, con todo lo que ama. «Yo trabajo
sobre mi vida. La cámara muestra mi visión de cómo es el mundo. Mis
fotos son las metáforas de una visión del mundo. Me reconozco a través
de la fotografía».
Confiesa también, que cuando
tiene la cámara en la mano es cuando ésta lo obliga a mirar. Nunca sabe a
ciencia cierta lo que va a fotografiar, porque nunca sabe lo que le
espera al día siguiente. De noche no tiene fotos porque perdería las
cámaras, además su miopía lo condiciona. Se arrepiente de muchas fotos
que no ha hecho y se encuentra experimentando más con el color, aunque
afirma que sigue siendo un lenguaje nuevo para él. Y no se considera el
fotógrafo de la movida, «esas son tonterías», sentencia.
Este
premio Nacional de fotografía de 1999, califica su exposición de
sencilla y sincera. Buscó lo que le conmueve y persiguió esa «sensación
un poco triste». «Me gusta que mis fotos huelan a pobre» dice y continúa
fotografiando en plena entrevista, sin dejar de hablar. A Alberto
García Álix, el premio no le cambió la vida, sin embargo consiguió algo
que considera «muy halagador», como es el respeto de los otros
profesionales.
Logró unir sus historias y hacerlas
fuertes con un concepto poético, como él mismo describe, hallado en la
poesía de Samuel Beckett: «Quisiera que mi amor muriese...Y que lloviera
sobre el cementerio...Y las callejas por las que camino...Llorando a
aquella que creyó amarme». Comisariada por Lola Garrido, la muestra se
integra en PhotoEspaña 2002, que busca rendirle un homenaje a la mujer y
a su revolución propia y universal, la única revolución que, según el
fotógrafo, ha triunfado «sin derramar una gota de sangre».
Autorretrato Angustia 2003
Autorretrato Angustia 2003



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