viernes, 1 de febrero de 2013

Alberto García-Alix

(...)cuyo trabajo esconde un compromiso intelectual lleno de profunda y estremecedora humanidad: ilustrar las vidas marginales de los borderlines, quienes viven en los confines del mundo.(...)Un “fin del mundo” en doble sentido, no solo temporal, sino sobre todo geográfico. Un espacio en el cual las fotos de Alberto(...) Una mirada crítica, responsable y consciente (...)
Ganador del Premio Nacional de Fotografía 1999, protagonista de una exitosa retrospectiva personal organizada por el Museo Reina Sofia (“De donde no se vuelve”, 2008), inventor junto a Pedro Almodóvar y Joaquín Sabina, entre otros, de las primeras ideas transgresoras que formarían el patrimonio cultural y estético de la Movida madrileña de los ’80, desde hace más de 30 años Alberto García-Alix ha sido y sigue siendo un artista extraordinariamente rebelde que ha aprendido a transformar su propia vida en una gran obra de arte, con sus famosos tatuajes en una piel a forma de mapa, donde se plasman sus sombras y sus huellas. Como un tango de Gardel, como la voz de Goyeneche, como un personaje de Víctor Hugo.//"Llegué a la fotografía sin cultura, sin prejuicios, quería mirar de cerca mi entorno, a mis amigos. Quería acercarme a lo que me sucedía", señaló ayer el fotógrafo, en cuya mirada -e indumentaria- rockera ("pensar que hace años cuando iba a hacer fotos algunos se quejaban por mi pinta, ¡qué vueltas da la vida!") ha quedado plasmado el documento "y la poesía" de una época y de una forma de vida.//"Cuando salgo a la calle no sé mirar, lo mío es el retrato", continúa el fotógrafo. "Necesito acercarme, necesito la complicidad con el que tengo enfrente; entro en una especie de trance personal que sólo ocurre en la intimidad del retrato".//
Conocimiento humano



"No entro en discusiones artísticas. Soy demasiado simple, o demasiado complicado, para llegar a ese punto", dice este artista, editor de la revista El canto de la Tripulación, para quien la fotografía le ha dado conocimiento "humano, no estético". Desde su visión romántica de lo marginal ("marginales somos todos en la vida, unos de una manera y otros de otra"), García Alix ha llenado sus fotografías de personajes urbanos a los que enfrenta a "un pulso entre dos".
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-15-06-2002/abc/Cultura/garcia-alix-mis-fotos-son-metaforas-de-una-vision-del-mundo_106802.html
García Alix, que ha colaborado para publicaciones como Vanity Fair, Vogue, Star, EL PAÍS o Cambio 16, formará parte de la exposición 150 años de fotografía española, seleccionada por el historiador Publio López Mondéjar para el Círculo de Bellas Artes. En la actualidad, el Centro de Fotografía de Tenerife exhibe una muestra de su obra, y se mantiene en el mercado el catálogo del montaje de PhotoEspaña 98 que publicaron La Fábrica y Lun-werg, en el que se reúne lo mejor de sus 20 años de trabajo. "La fotografía vive a través de mí", dice. "Mis imágenes son concisas. Nunca hay un exceso. Si he de retratar a un atracador, no le pondría una pistola en la mano. Sería un hombre sentado en una silla. Sólo yo sé la verdad, lo que hay detrás". // la vida que Alberto García Álix busca inmortalizar. La que nos rodea y a veces intentamos ignorar.   
Las mujeres lo seducen y eso se refleja en cada una de sus fotografías, pero advierte que no todas le interesan. Casi todas las protagonistas de «Llorando a aquélla que creyó amarme», son sus amigas. «En el retrato debe haber complicidad», indica García Álix, sentado en el piso, a los pies de sus fotografías de 35 milímetros en blanco y negro, que gracias a su Leica puede capturar sin más premura que el instante. Y esta es una de las grandes revelaciones de esta exposición que acoge la sala Julio González, del Museo Español de Antropología: las fotografías de 35 milímetros que se exhiben por primera vez. Justamente con este formato, que generalmente usa como si se tratara de un cuaderno de bocetos, es con el que más fotos ha registrado a lo largo de su carrera.
Personajes fronterizos
Gracias a una intuición privilegiada, identifica las imágenes que sabe pueden ser secuestradas y convertidas en perdurables. Este es el valor que García Álix le otorga a las cosas sencillas y cotidianas. Lo que para muchos resulta minúsculo, para un ojo como el de este fotógrafo de 46 años equivale a una forma de vida. «Estoy retomando ese lujo que había perdido, de salir con mi 35 milímetros a pasear. Es humillante salir a la calle con la cámara y volver sin una sola foto».
Niega que los protagonistas de sus historias sean seres marginales, aunque el aura de rebeldía que los envuelva los haga verse así. Él prefiere llamarlos cordialmente «personajes fronterizos», todos considerados amigos y con los que reconoce, tiene una gran deuda. En esta exposición, en la que empezó a trabajar hace unos nueve meses, las mujeres desbordan de los marcos de las fotos. Mujeres con los ojos clavados en la lente, con piernas infinitas, de miradas destrozadas. Amenazantes, provocadoras, bellas desde lo horrible, geniales y transparentemente ingenuas, son las que guían al espectador por ese laberinto de identidades en el que se ha convertido la sala de la muestra. Pero no son sólo cuerpos. Los pasos firmes de sus féminas se sienten en todas partes: en los zapatos sobre la alfombra de alguna habitación de hotel, en las ventanas, en el baño. «Una foto siempre tiene una cascada de recuerdos», dice García Álix.
Su trabajo es autobiográfico, refleja lo que lo rodea, y mantiene inalterable ese compromiso con su entorno afectivo, con todo lo que ama. «Yo trabajo sobre mi vida. La cámara muestra mi visión de cómo es el mundo. Mis fotos son las metáforas de una visión del mundo. Me reconozco a través de la fotografía».
Confiesa también, que cuando tiene la cámara en la mano es cuando ésta lo obliga a mirar. Nunca sabe a ciencia cierta lo que va a fotografiar, porque nunca sabe lo que le espera al día siguiente. De noche no tiene fotos porque perdería las cámaras, además su miopía lo condiciona. Se arrepiente de muchas fotos que no ha hecho y se encuentra experimentando más con el color, aunque afirma que sigue siendo un lenguaje nuevo para él. Y no se considera el fotógrafo de la movida, «esas son tonterías», sentencia.
Este premio Nacional de fotografía de 1999, califica su exposición de sencilla y sincera. Buscó lo que le conmueve y persiguió esa «sensación un poco triste». «Me gusta que mis fotos huelan a pobre» dice y continúa fotografiando en plena entrevista, sin dejar de hablar. A Alberto García Álix, el premio no le cambió la vida, sin embargo consiguió algo que considera «muy halagador», como es el respeto de los otros profesionales.
Logró unir sus historias y hacerlas fuertes con un concepto poético, como él mismo describe, hallado en la poesía de Samuel Beckett: «Quisiera que mi amor muriese...Y que lloviera sobre el cementerio...Y las callejas por las que camino...Llorando a aquella que creyó amarme». Comisariada por Lola Garrido, la muestra se integra en PhotoEspaña 2002, que busca rendirle un homenaje a la mujer y a su revolución propia y universal, la única revolución que, según el fotógrafo, ha triunfado «sin derramar una gota de sangre».Autorretrato Angustia 2003

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