jueves, 27 de diciembre de 2012
Vivir la imagen
Vivir la imagen
20/07/2012 //
El colectivo
Ennmedio intervino las calles de Barcelona durante la última
protesta popular contra el gobierno español elevando globos enojados al cielo,
sostenidos por manifestantes.
La acción, Cop d’ ull (echar un ojo) constituyó una vez
más una acción concreta que piensa el arte contemporáneo alejado de la
fatiga de otros tiempos. La idea de los globos surgió durante el taller
impartido por En medio llamado Cómo acabar con el Mal.
De este modo, lo
expresa uno de sus integrantes, Leónidas Martín Saura:
“Cuando hablamos de
vivir la imagen, más que en el artista o productor de imágenes tenemos que
fijarnos necesariamente en el espectador. El espectador es alguien más libre de
lo que suelen pensar las corrientes críticas. Una imagen nunca puede
representarlo todo, es el espectador el que añade o complementa aquello que
“falta” en una imagen.
Proyectamos sobre una
película o una imagen más datos que los que la propia imagen contiene. Lo
hacemos a partir de nuestros saberes, de nuestra experiencia y de las imágenes
previas que tenemos en la cabeza. Ver, mirar, es un acto de comparar:
comparas lo que ves con lo que ya has visto y de ahí sale una interpretación,
siempre ‘desmesurada” o “abusiva’. En estas interpretaciones
desmesuradas, existe un potencial para la acción política”.
'Todo lo que tengo' Sannah Kvist
'Todo lo que tengo': fotos de las posesiones de
la generación de los 80, más pobre que la anterior
- La fotógrafa sueca Sannah Kvist retrata a jóvenes de entre 23 y 32 años rodeados por todos sus bienes materiales.
- Cajas de cartón, movilidad, pocos objetos de consumo, habitaciones reducidas....
- "Es la primera generación con peores condiciones de vida que la de sus padres".
Sannah Kvist tiene 25 años y estudió
Fotografía en la Universidad de Gotemburgo (Suecia). Desde hace unos años trabaja
como freelance e intenta
ganarse la vida haciendo lo que sabe.
El
año pasado inició el proyecto All I Own (Todo lo que tengo), un intento de
documentar fotográficamente a su generación, los jóvenes nacidos en la década
de los ochenta que ahora tienen entre 23 y 32 años. El objetivo era demostrar
mediante imágenes los efectos de la
recesión económica en el modo de vida y los hábitos de consumo.
En sus cuartos y rodeados de sus cosas
"Me
di cuenta de que somos la primera generación, al menos en Suecia, que ha
crecido en peores condiciones sociales y económicas que la de su padres",
dice Kvist, que ha reunido un mosaico de chicos y chicas a los que fotografió en sus cuartos y rodeados de todos los bienes
materiales que les pertenecen.
Lo
que demuestran las fotos es que los jóvenes nacidos en los ochenta viven con
poco. Las cajas de cartón,
presentes en casi todos los retratos, también indican que la movilidad y el
cambio de domicilio son frecuentes y condicionan la forma de vida. No son
ascetas, pero tienen poco más que lo necesario.
Se nos ha descrito con fiereza como egoístas y
materialistas "Hemos crecido con una nueva idea del individualismo y se
nos ha descrito como extremadamente egoístas y materialistas, mucho más que las
generaciones anteriores. No tengo nada que decir sobre estas críticas, pero
creo que han sido demasiado fieras", añade Kvist.
La
fotógrafa pidió a cada uno de los retratados que apilasen a su libre albredío
("formando una pared, una especie
de escultura o como quisiese cada uno") todos los objetos
que han acumulado en su vida como personas emancipadas. Luego les mandó posar
y, en sesiones que duraron entre dos y cinco horas ("con pausas para el
café, por supuesto"), hizo los retratos.
El
escenario era siempre el dormitorio de los modelos, entre otras cosas porque
ninguno de ellos tiene un salón, sino que viven en habitaciones de pisos compartidos.
La compra compulsiva no ha calado
Kvist,
que tomó el proyecto como una forma de explorarse a sí misma, piensa que la compra compulsiva como forma de
afirmación personal no ha calado entre su colegas de generación.
"Cuando
empecé a trabajar me di cuenta de que ninguno de nosotros tiene una hipoteca o
un contrato de alquiler a largo plazo. Casi todos vivimos en subarriendos de
corta duración y estamos acostumbrados a movernos por la ciudad con nuestras
cajas de cartón a cuestas. Mudarse cada seis meses se ha convertido en la norma
entre la gente de mi edad".
All I Own comenzó siendo un
proyecto documental sobre los bienes más queridos o apreciados por personas de
una franja de edad determinada, pero Kvist se encontró con que casi todos sus
modelos estaban tan cansados de mudarse
una vez y otra y arrastrar objetos que preferían regalar o
ceder sus bienes y quedarse solamente con lo estrictamente necesario.
Muestran lo que demuestra quiénes son como personas
"Algunos están más orgullosos de algunas posesiones materiales que de
otras, pero cuando les pedía que colocasen los objetos de modo que los más
importantes apareciesen en primer plano empezaban a mostrar lo realmente
importante, lo que demuestra quiénes son como personas y qué objetivos tienen
en la vida".
Los grandes de la fotografía se desnudan
http://www.elpais.com/articulo/cultura/grandes/fotografia/desnudan/elpepicul/20111204elpepicul_1/Tes [fecha de
consulta 4 diciembre 2011]
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 04/12/2011
De Cartier-Bresson a William Klein, Helmut Newton, Josef Koudelka o John Baldessari, las leyendas de la cámara revelan los secretos sobre su obra
Para Cartier-Bresson solo contaban los instantes, el resto se desvanece. El mesías del fotorreportaje, fallecido en 2004 a los 95 años, nunca buscó "la gran foto", solo la encontró. "Robamos para luego dar", confiesa un hombre que se define a sí mismo como un artesano de su oficio al servicio del único Dios de la cámara: el tiempo. Para la mayoría de los 33 maestros de la fotografía autorretratados en la serie documental ideada por William Klein -producida por el canal Arte y el Centro Nacional de la Fotografía francesa y editada ahora en España por Intermedio- el tiempo es mucho más que un reloj que marca las horas.
Una serie de 33 documentales da voz a los maestros de la imagen
Hiroshi Sugimoto: "Demasiada información nos conduce a la nada"
La obsesión es común a todos ellos. El tiempo y la memoria es la presa que la mayoría de los fotógrafos, ya sean documentalistas, poetas o artistas, necesitan cazar. Lo explican con su voz en off en las piezas de 13 minutos que discurren sobre el fondo de sus propias imágenes. De Cartier-Bresson al propio Klein, a Raymond Depardon, Josef Koudelka, Robert Doisneau, Elliot Erwitt, Helmut Newton, Sophie Calle, Nan Goldin, Nobuyoshi Araki, Hiroshi Sugimoto, Jeff Wall, John Baldessari, Bernd y Hilla Becher, Andreas Gursky o Martin Parr. Dividida en tres bloques (La gran tradición del fotorreportaje, La renovación de la fotografía contemporánea y La fotografía conceptual), la serie rastrea el latido creativo de hombres y mujeres que prefirieron mirar el mundo desde el objetivo de su cámara.
Cartier-Bresson era así de claro: "Si lo pienso, no sale". Tampoco le gustaba el retrato (pese a que fue célebre retratista de Camus, Matisse o Beckett, entre otros muchos); le exigía más rigor que cualquier otra disciplina. "El entorno", solía decir, "me importa tanto como el propio rostro".
William Klein, ideólogo de estas confesiones, recorre las ciudades de sus fotolibros -Nueva York, Tokio...- para afirmar que lo suyo es "una descarga de energía sensual y violenta" o que "el azar hace una foto". Lejos de ese golpe de calle, su compatriota Duane Michaels reivindica la verdad de los sueños: "Fotografiar la realidad es fotografiar la nada, lo esencial no está en la calle sino en las grandes emociones".
Testigos de la historia como el checo Koudelka (que se niega a explicarse a sí mismo, "no sé hablar, no me interesan las palabras") o testigos de la intimidad como Helmut Newton, el mirón entre los mirones, que señala como una de sus sesiones favoritas una que recoge la presencia cómplice y burlona de su esposa y colega, Alice Springs, mientras él fotografía a una modelo desnuda. "Siempre digo que a los hijos hay que matarlos", dice este maestro del erotismo. "Si una foto es fea, la mato. No tiene sentido defenderla. La gente joven cuida demasiado a sus bebés".
Lejos de los mandamientos del fotoperiodismo o del humor de Newton, la francesa Sophie Calle se espía a sí misma a través de los demás, el californiano Baldessari busca en la televisión, el cine y la basura imágenes fugaces mientras el japonés Araki hace recuento de una vida dedicado a las epifanías sobre su pasado y su futuro. "Cuando empecé reinaba el fotógrafo de Magnum y su objetividad. Había que negar los sentimientos propios. Mi camino era muy distinto. Me fotografiaba a mí mismo y lo que me rodeaba. Por eso fotografié mi luna de miel. Luego, mi mujer murió y aquellas fotografías cobraron
una nueva dimensión: eran un presentimiento de su propia muerte". Curiosamente, el tipo que se hizo famoso por fotografiar pubis y pechos de centenares de japonesas, cree que la fotografía más dramática de su vida es la más pudorosa: solo se ven su mano y la de su mujer agarradas en su última despedida.
Un desgarro muy distinto al vivido en los márgenes de la sociedad (donde la identidad sexual, las drogas y el sida trazaron un trágico destino) por la frágil Nan Goldin: "Cuando empecé quería conservar las huellas de la verdadera vida y la cámara era mi memoria... Finalmente, creo que mi obra es sobre el dolor y la dificultad de sobrevivir".
Pero quizá sea otro japonés, Hiroshi Sugimoto, quien vaya más lejos en la infatigable búsqueda del tiempo y de la memoria. La finura de su serie sobre viejas salas de cine resulta ser una espiritual reflexión del vacío. "Demasiada información nos conduce a la nada", dice él. En los tiempos de la sobreinformación y del infinito carrete digital, la frase resulta premonitoria. Lo único importante sigue siendo dar con el instante.
consulta 4 diciembre 2011]
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 04/12/2011
De Cartier-Bresson a William Klein, Helmut Newton, Josef Koudelka o John Baldessari, las leyendas de la cámara revelan los secretos sobre su obra
Para Cartier-Bresson solo contaban los instantes, el resto se desvanece. El mesías del fotorreportaje, fallecido en 2004 a los 95 años, nunca buscó "la gran foto", solo la encontró. "Robamos para luego dar", confiesa un hombre que se define a sí mismo como un artesano de su oficio al servicio del único Dios de la cámara: el tiempo. Para la mayoría de los 33 maestros de la fotografía autorretratados en la serie documental ideada por William Klein -producida por el canal Arte y el Centro Nacional de la Fotografía francesa y editada ahora en España por Intermedio- el tiempo es mucho más que un reloj que marca las horas.
Una serie de 33 documentales da voz a los maestros de la imagen
Hiroshi Sugimoto: "Demasiada información nos conduce a la nada"
La obsesión es común a todos ellos. El tiempo y la memoria es la presa que la mayoría de los fotógrafos, ya sean documentalistas, poetas o artistas, necesitan cazar. Lo explican con su voz en off en las piezas de 13 minutos que discurren sobre el fondo de sus propias imágenes. De Cartier-Bresson al propio Klein, a Raymond Depardon, Josef Koudelka, Robert Doisneau, Elliot Erwitt, Helmut Newton, Sophie Calle, Nan Goldin, Nobuyoshi Araki, Hiroshi Sugimoto, Jeff Wall, John Baldessari, Bernd y Hilla Becher, Andreas Gursky o Martin Parr. Dividida en tres bloques (La gran tradición del fotorreportaje, La renovación de la fotografía contemporánea y La fotografía conceptual), la serie rastrea el latido creativo de hombres y mujeres que prefirieron mirar el mundo desde el objetivo de su cámara.
Cartier-Bresson era así de claro: "Si lo pienso, no sale". Tampoco le gustaba el retrato (pese a que fue célebre retratista de Camus, Matisse o Beckett, entre otros muchos); le exigía más rigor que cualquier otra disciplina. "El entorno", solía decir, "me importa tanto como el propio rostro".
William Klein, ideólogo de estas confesiones, recorre las ciudades de sus fotolibros -Nueva York, Tokio...- para afirmar que lo suyo es "una descarga de energía sensual y violenta" o que "el azar hace una foto". Lejos de ese golpe de calle, su compatriota Duane Michaels reivindica la verdad de los sueños: "Fotografiar la realidad es fotografiar la nada, lo esencial no está en la calle sino en las grandes emociones".
Testigos de la historia como el checo Koudelka (que se niega a explicarse a sí mismo, "no sé hablar, no me interesan las palabras") o testigos de la intimidad como Helmut Newton, el mirón entre los mirones, que señala como una de sus sesiones favoritas una que recoge la presencia cómplice y burlona de su esposa y colega, Alice Springs, mientras él fotografía a una modelo desnuda. "Siempre digo que a los hijos hay que matarlos", dice este maestro del erotismo. "Si una foto es fea, la mato. No tiene sentido defenderla. La gente joven cuida demasiado a sus bebés".
Lejos de los mandamientos del fotoperiodismo o del humor de Newton, la francesa Sophie Calle se espía a sí misma a través de los demás, el californiano Baldessari busca en la televisión, el cine y la basura imágenes fugaces mientras el japonés Araki hace recuento de una vida dedicado a las epifanías sobre su pasado y su futuro. "Cuando empecé reinaba el fotógrafo de Magnum y su objetividad. Había que negar los sentimientos propios. Mi camino era muy distinto. Me fotografiaba a mí mismo y lo que me rodeaba. Por eso fotografié mi luna de miel. Luego, mi mujer murió y aquellas fotografías cobraron
una nueva dimensión: eran un presentimiento de su propia muerte". Curiosamente, el tipo que se hizo famoso por fotografiar pubis y pechos de centenares de japonesas, cree que la fotografía más dramática de su vida es la más pudorosa: solo se ven su mano y la de su mujer agarradas en su última despedida.
Un desgarro muy distinto al vivido en los márgenes de la sociedad (donde la identidad sexual, las drogas y el sida trazaron un trágico destino) por la frágil Nan Goldin: "Cuando empecé quería conservar las huellas de la verdadera vida y la cámara era mi memoria... Finalmente, creo que mi obra es sobre el dolor y la dificultad de sobrevivir".
Pero quizá sea otro japonés, Hiroshi Sugimoto, quien vaya más lejos en la infatigable búsqueda del tiempo y de la memoria. La finura de su serie sobre viejas salas de cine resulta ser una espiritual reflexión del vacío. "Demasiada información nos conduce a la nada", dice él. En los tiempos de la sobreinformación y del infinito carrete digital, la frase resulta premonitoria. Lo único importante sigue siendo dar con el instante.
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